La Stasi siguió el juego

En Ale­ma­nia del Este una esce­na gamer emergió jus­to antes de la caí­da del comu­nis­mo. Los ado­les­centes se encon­tra­ban en los clubs de com­puta­do­ras y juga­ban con sus Com­modore 64. El Esta­do los mira­ba con interés.

Von Denis Gießler 

Nota: Este tex­to fue pub­li­ca­do en Zeit online. 21 de noviem­bre de 2018

Tex­to en Alemán: https://www.zeit.de/digital/games/2018–11/videospiele-ddr-Stasi-ueberwachung-gamer-szene-com­put­er

Tex­to en inglés: https://www.zeit.de/digital/games/2018–11/computer-games-gdr-Stasi-sur­veil­lance-gamer-crowd/kom­plet­tan­sicht

El 6 de enero de 1988 fue uno de esos miér­coles en que el antiguo y bar­ro­co edi­fi­cio de la calle Kloster Strasse en Berlín del Este esta­ba reple­to de activi­dad. El edi­fi­cio se llam­a­ba entonces Casa de los Jóvenes Tal­en­tos (HdjT), pero hoy en día su nom­bre orig­i­nal, Palais Podewils, ha sido restau­ra­do para hon­rar a su antiguo propi­etario, que fue Min­istro de Asun­tos Exte­ri­ores de Fed­eri­co el Grande. Ese día de invier­no, entre 70 y 80 per­sonas se con­gre­garon en una sala del primer piso, nor­mal­mente el lugar de ensayo de un coro infan­til local. El club de com­putación se reunía allí todos los miér­coles, un grupo de jóvenes, en su may­oría alrede­dor de los 20 años, pero algunos de tan solo 16.

En la déca­da de 1980 se podían encon­trar clubes sim­i­lares en toda la Repúbli­ca Democráti­ca Ale­m­ana (RDA), y solo en Berlín había unos 20. Pero algunos de los que asistieron a esta reunión en par­tic­u­lar en la HdjT habían venido de muy lejos. Y tenían una bue­na razón. Porque a pesar de que esta era la “Casa Club Cen­tral” de la orga­ni­zación juve­nil comu­nista FDJ, ningu­na de las com­puta­do­ras que esta­ban en las mesas se había fab­ri­ca­do en la RDA. Todas eran occidentales. 


El grupo de com­putación en la HdjT durante la déca­da de 1980 era un club total­mente mas­culi­no. Sen­ta­do en el cen­tro frente a una com­puta­do­ra está Ste­fan Paubel, jefe del club. Foto de Ste­fan Paubel. 

Ese día de enero se habían insta­l­a­do una C128 y dos C64 del fab­ri­cante de orde­nadores esta­dounidense Com­modore, además de una dis­quetera. Ste­fan Paubel, que había fun­da­do el club de infor­máti­ca en la HdjT en enero de 1986 y que era su líder, no habría acep­ta­do los orde­nadores de pro­duc­ción nacional disponibles en Ale­ma­nia Ori­en­tal en aquel momen­to: el KC 85 de VEB Mikroelek­tron­ik Wil­helm Pieck Mühlhausen y el KC 87 de VEB Robot­ron. Ambas empre­sas eran de propiedad estatal, hecho que se deno­ta con la abre­viatu­ra “VEB”. “El KC85 real­mente no era muy bueno, así que le pre­gun­té a la geren­cia de la HdjT si podíamos usar tec­nología occi­den­tal”, recuer­da Paubel hoy. “Extraña­mente, el direc­tor acep­tó de inmedi­a­to, y obtuve dos C64 y una dis­quetera en una tien­da de elec­tróni­ca usa­da en el dis­tri­to Köpenick de Berlín Este. A Paubel se le per­mi­tió gas­tar un total de 25.000 mar­cos de Ale­ma­nia Ori­en­tal en el equipo, pagan­do 6.500 mar­cos de Ale­ma­nia Ori­en­tal por cada C64.

En aquel momen­to, la Com­modore era la com­puta­do­ra domés­ti­ca más ven­di­da del mun­do. Pero si hubiera sido por Occi­dente las com­puta­do­ras nun­ca habrían lle­ga­do a Ale­ma­nia Ori­en­tal. En 1988, la micro­elec­tróni­ca seguía fig­u­ran­do en la lista de pro­duc­tos suje­tos a embar­go, man­teni­da por el Comité Coor­di­nador para el Con­trol Mul­ti­lat­er­al de las Exporta­ciones (CoCom). Los esta­dos occi­den­tales habían acor­da­do que no sum­in­is­trarían ningún bien tec­nológi­co a los país­es comu­nistas del bloque ori­en­tal. Sin embar­go, las C64 habían lle­ga­do a Ale­ma­nia Ori­en­tal y los fun­cionar­ios de adu­a­nas de la RDA les per­mi­tieron pasar. No tuvieron prob­le­mas con la importación de hard­ware occi­den­tal. Pero el soft­ware, y espe­cial­mente los video­jue­gos, eran otro asun­to. Su con­tenido era moti­vo de gran pre­ocu­pación para los fun­cionar­ios de Ale­ma­nia Oriental. 

Los pro­gra­mas grá­fi­cos, sin embar­go, fueron una excep­ción y eso fue lo que más le interesó a Paubel. Había estu­di­a­do inge­niería mecáni­ca y des­cubrió su entu­si­as­mo por las com­puta­do­ras a medi­a­dos de los años 80, lo que lo llevó a fun­dar el club, donde daba fre­cuentes con­fer­en­cias sobre soft­ware grá­fi­co y lengua­jes de pro­gra­mación. A sus 34 años, Paubel era rel­a­ti­va­mente viejo en 1988 en com­para­ción con los vis­i­tantes más jóvenes del club, quienes tam­bién tendían a estar mucho más intere­sa­dos en los jue­gos de C64 que en los pro­gra­mas gráficos.

“A las 4:45 p.m., A. entró en la sala del club de com­putación” –un extrac­to del informe de un colab­o­rador infor­mal sobre la HdjT. Fuente: Comi­sion­a­do Fed­er­al para los Reg­istros del Ser­vi­cio de Seguri­dad del Esta­do (BStU)

Pero uno de los que vis­i­taron el club el 6 de enero de 1988 pen­só que Paubel era más joven. Describió al fun­dador del club como “de unos 25 a 30 años, con bar­ba y gafas de met­al con mon­tu­ra”. Esta descrip­ción de Paubel proviene de un mem­o­ran­do del 12 de enero de 1988, “Infor­ma­ción Oper­a­ti­va” del Min­is­te­rio de Seguri­dad del Esta­do (MfS), la policía sec­re­ta de la RDA, tam­bién cono­ci­da como la Stasi. El MfS había envi­a­do un colab­o­rador infor­mal, o IM para abre­viar, a la HdjT para espi­ar un poco y mezclarse con los vis­i­tantes. El infor­mante, tam­bién joven, era un cuadro del Regimien­to de la Guardia del Ejérci­to Nacional Pop­u­lar. La des­i­gnación “cuadro” podría sig­nificar que en real­i­dad era un sol­da­do, pero el tér­mi­no tam­bién se usa­ba en la RDA para des­ig­nar a aque­l­los que esta­ban sien­do con­sid­er­a­dos para un puesto ofi­cial. El joven infor­mante, que aparente­mente aún esta­ba en la escuela, esper­a­ba que la visi­ta al club de com­putación mejo­rara su per­fil. De cualquier man­era, las obser­va­ciones que hizo allí como colab­o­rador infor­mal fueron dadas a un ofi­cial de la Stasi, quien a su vez las resum­ió en su informe de “Infor­ma­ción Operativa”.

El doc­u­men­to for­ma parte de una colec­ción de doc­u­men­tos de la Stasi sobre la esce­na juve­nil en la RDA poco antes de la caí­da del Muro de Berlín. Ellos pro­por­cio­nan una mira­da pro­fun­da sobre cómo las agen­cias guber­na­men­tales veían a los jue­gos de com­puta­do­ra y a los entu­si­as­tas de la infor­máti­ca –y cómo veían la emer­gente era de la infor­ma­ción–. Aho­ra, tres décadas después de la creación de esos doc­u­men­tos, ZEIT ONLINE los ha anal­iza­do más de cer­ca.  Además de Paubel, tam­bién hablam­os con otros antigu­os vis­i­tantes de la Casa de los Jóvenes Tal­en­tos que com­partieron por primera vez sus recuer­dos el año pasa­do con la revista de jue­gos Game Star.

Gra­cias a esa “Infor­ma­ción Oper­a­ti­va”, el número de per­sonas pre­sentes en esa reunión en enero de 1988 (“70 a 80 per­sonas”) y su edad media esti­ma­da (“22 a 23”) no se ha per­di­do en la his­to­ria. El IM tam­bién infor­mó que había sido “nor­mal­mente acep­ta­do, sin sospe­chas” por las otras per­sonas pre­sentes y aprendió de sus con­ver­sa­ciones que “var­ios par­tic­i­pantes están en pos­esión de una com­puta­do­ra Com­modore 64, y ten­er una es vis­to como un pre­rreq­ui­si­to para la mem­bresía en el club de computación”.

El infor­mante tam­bién anotó el equipo téc­ni­co en pos­esión del club, incluyen­do las com­puta­do­ras de Com­modore. Los doc­u­men­tos que ZEIT ONLINE ha obtenido tam­bién con­tienen un inven­tario aún más detal­la­do que parece pro­ced­er de una fuente difer­ente. Los archivos inclu­so con­tienen copias de los reci­bos de la tien­da de elec­tróni­ca usa­da en Köpenick donde Paubel com­pró los dos C64 y la dis­quetera. “Prob­a­ble­mente obtu­vieron los doc­u­men­tos de la direc­ción de la HdjT”, dice Paubel.

Para Paubel ya hace 30 años era evi­dente que las autori­dades estatales de la RDA vig­i­la­ban de cer­ca las activi­dades de su club de infor­máti­ca. Sim­ple­mente no sabía exac­ta­mente lo que la Stasi sabía o quién les pro­por­ciona­ba la infor­ma­ción y los canales que utilizaban.

En una ocasión, Paubel fue con­vo­ca­do a la ofic­i­na del direc­tor de la HdjT, donde un hom­bre que Paubel no conocía lo esta­ba esperan­do. El hom­bre le pidió que hiciera una lista de los miem­bros del club, pero no le dijo para qué enti­dad guber­na­men­tal tra­ba­ja­ba. Paubel con­sid­eró la solic­i­tud por un momen­to antes de negarse a pro­por­cionar la infor­ma­ción. De todos mod­os, no había una ver­dadera afil­iación: el club esta­ba abier­to a todos los intere­sa­dos, y muchas per­sonas venían de for­ma irreg­u­lar, casi todos hom­bres. La neg­a­ti­va de Paubel a nom­brar a los vis­i­tantes final­mente no tuvo ningu­na con­se­cuen­cia y nun­ca más volvió a saber nada del hom­bre ni se repi­tió la peti­ción. Los archivos dejan en claro hoy que la Stasi sabía de todas man­eras cosas de algunos de los vis­i­tantes del club. Los archivos de la agen­cia incluyen una lista de nom­bres e infor­ma­ción de contacto.

Se auto­de­nom­ina­ban “freaks”

Al exam­i­nar los archivos que­da claro que la Stasi comen­zó a super­vis­ar los clubes de com­putación estable­ci­dos en Ale­ma­nia Ori­en­tal en los años ochen­ta, poco después de su fun­dación, y comen­zó a vig­i­lar el de la Casa de los Jóvenes Tal­en­tos en 1986, el año de su creación. Un doc­u­men­to de la Stasi de la ofic­i­na del dis­tri­to de la agen­cia en Lep­izig, fecha­do el 15 de mar­zo de 1985, infor­ma sobre otro grupo sim­i­lar, un club en Berlín Ori­en­tal com­puesto por “80 entu­si­as­tas de la infor­máti­ca” que habían unido sus fuerzas y tam­bién habían planea­do reuniones en Dres­den. El doc­u­men­to señala que las “per­sonas involu­cradas en esta alian­za se lla­man a sí mis­mas ‘freaks’ ”.

Las com­puta­do­ras domés­ti­cas como el C64 rep­re­senta­ban un fenó­meno total­mente nue­vo en aquel momen­to: era la primera vez que los orde­nadores lle­ga­ban a los hog­a­res y, a medi­a­dos de los años ochen­ta, en Berlín Este (en may­or medi­da que en el resto de Ale­ma­nia del Este), había un número sig­ni­fica­ti­vo de C64. La Stasi se encar­ga­ba de con­tro­lar la seguri­dad de los datos en los organ­is­mos estatales y en las empre­sas de la RDA y lo hacía a través de una división cono­ci­da como Grupo Cen­tral de Tra­ba­jo para la Pro­tec­ción de los Secre­tos (ZAGG), que tam­bién actu­a­ba como enlace entre los difer­entes depar­ta­men­tos del Min­is­te­rio de Seguri­dad del Esta­do. Muchos de estos depar­ta­men­tos esta­ban mon­i­tore­an­do los clubes de com­putación emer­gentes y tam­bién a sus inte­grantes. El esta­do comu­nista, cuya direc­ción había declar­a­do la micro­elec­tróni­ca como una indus­tria clave en 1977, clara­mente quería saber qué hacía la gente con sus computadoras.

El 28 de noviem­bre de 1988, el jefe del Grupo de Tra­ba­jo para la Pro­tec­ción de los Secre­tos (AGG), el equiv­a­lente local de ZAGG en la admin­is­tración del dis­tri­to de la Stasi en Berlín, redac­tó un resumen pro­vi­sion­al de sus “con­clu­siones sobre el uso en el tiem­po libre de la infor­máti­ca descen­tral­iza­da”. El doc­u­men­to de cua­tro pági­nas, asom­broso por su conocimien­to tec­nológi­co, hoy en día se puede leer como una inter­pretación de la era de la infor­ma­ción que esta­ba emergien­do. En últi­ma instan­cia, por supuesto, las agen­cias guber­na­men­tales de la RDA nun­ca tuvieron que lidiar con los cam­bios que traería con­si­go la nue­va tec­nología: el Muro de Berlín caería sólo un año después y, en dos años, Ale­ma­nia Ori­en­tal dejaría de existir.

Sin embar­go, a finales de 1988, el jefe de la AGG en la ofic­i­na del dis­tri­to de la Stasi en Berlín no podía haber predi­cho tal cosa. En su informe, el teniente coro­nel enu­meró por primera vez los “gru­pos de interés” de usuar­ios pri­va­dos de orde­nadores en la RDA que la Stasi conocía, incluyen­do el club de la HdjT en Berlín, el Club C‑16 de Dres­den, el Club Com­modore en Jena y el Atari Inter­est Group de Ros­tock. Destacó que las activi­dades de los clubes se cen­tran nor­mal­mente en el “inter­cam­bio de soft­ware, así como en las más diver­sas posi­bil­i­dades de expan­sión del hardware”.

Una acti­tud firme­mente negativa

El agente de la Stasi advir­tió a sus cole­gas de otros depar­ta­men­tos: “dado que tam­bién hay miem­bros den­tro de los gru­pos de interés o clubes de com­putación con una acti­tud neg­a­ti­va ver­i­fi­ca­ble hacia el esta­do social­ista y el orden social, existe el peli­gro poten­cial de que los gru­pos de interés o clubes de com­putación vayan en una direc­ción neg­a­ti­va. Los expo­nentes de la clan­des­tinidad políti­ca uti­lizan cada vez más orde­nadores, que se impor­tan y se adquieren a través de los cír­cu­los ecle­siás­ti­cos, por ejem­p­lo”. Tam­bién escribió que “algunos propi­etar­ios de tec­nología infor­máti­ca pri­va­da… se ded­i­can al com­er­cio exten­si­vo de hard­ware y soft­ware. En muchos casos, el soft­ware en cuestión son copias del NSW (Eds: el “espa­cio económi­co no social­ista”, que sig­nifi­ca Occi­dente), que luego se dis­tribuyen en la RDA. El temor era que los dis­quetes impor­ta­dos de Occi­dente pudier­an acabar en las com­puta­do­ras de las empre­sas estatales y que pudier­an dañar­los si con­tenían virus. El fenó­meno que el fun­cionario de la Stasi esta­ba descri­bi­en­do ape­nas se conocía en ese momento.

Tam­bién hizo una serie de recomen­da­ciones para “medi­das de defen­sa pre­ven­ti­va”. Incluían cosas como “deter­mi­nar las condi­ciones que facil­i­tarían la infil­tración de gru­pos de interés y clubes de com­putación por parte del adver­sario”, “el reconocimien­to de acciones hos­tiles-neg­a­ti­vas por parte de indi­vid­u­os en relación con el uso de tec­nología infor­máti­ca pri­va­da” y “deter­mi­nar qué per­sonas están involu­cradas en el com­er­cio espec­u­la­ti­vo de hard­ware y soft­ware, prin­ci­pal­mente con soft­ware pro­hibido con con­tenido revan­chista, anti­co­mu­nista o antisemita”.

Y describió un nue­vo prob­le­ma que esta­ba empezan­do a hac­erse sen­tir: “Recien­te­mente ha habido una ten­den­cia cre­ciente de per­sonas que inten­tan adquirir acopladores acús­ti­cos u obten­er infor­ma­ción sobre ellos. La tec­nología puede uti­lizarse para la trans­fer­en­cia de datos a NSW sin con­trol, uti­lizan­do el sis­tema de mar­cación direc­ta de Deutsche Post. (Deutsche Post era el sis­tema postal de Ale­ma­nia Occi­den­tal en ese momen­to.) En poco tiem­po se pueden trans­ferir can­ti­dades rel­a­ti­va­mente grandes de datos. El uso pri­va­do de esta tec­nología en la RDA ya ha sido verificado”.

En 1988 el trá­fi­co mod­er­no de datos a través de líneas tele­fóni­cas, pre­cur­sor de Inter­net, había lle­ga­do a Ale­ma­nia Ori­en­tal. En el futuro, escribió, el soft­ware ya no requeriría de ningún medio físi­co para ser difun­di­do. Lo que a su vez sig­nifi­caría que ya no podría ser inter­cep­ta­do en los con­troles fronterizos.

Pero muchos ciu­dadanos de la RDA, espe­cial­mente los más jóvenes, ni siquiera tenían acce­so a una línea tele­fóni­ca, y mucho menos a un módem al que se podía conec­tar un auric­u­lar tele­fóni­co para trans­mi­tir códi­go en for­ma de señales acús­ti­cas. Para ellos, los clubes de com­putación servían como lugares a los que podían ir para inter­cam­biar soft­ware, de la mis­ma man­era que el jefe de la AGG había escrito inde­pen­di­en­te­mente del infor­mante que había esta­do hus­me­an­do en la Casa de los Jóvenes Talentos.

Ver en anexo la lista de la Stasi (1987) de jue­gos disponibles en el club de computación. 

Allí inter­cam­bi­amos jue­gos has­ta que los casetes bril­l­a­ban”, recuer­da Timo Ull­mann, quien solo tenía 16 años en 1988, al describir los mecan­is­mos de alma­ce­namien­to en casetes que se podían uti­lizar con las primeras com­puta­do­ras domés­ti­cas. Ull­mann tenía su propia C64 en casa, lo que sig­nifi­ca que reg­u­lar­mente adapt­a­ba el tele­vi­sor de sus padres, ya que, a difer­en­cia de muchos otros orde­nadores, el Com­modore no nece­sita­ba un mon­i­tor adi­cional, sino que podía conec­tarse a un tele­vi­sor común. El padre de Ull­mann, que tra­ba­ja­ba en el com­er­cio exte­ri­or, había com­pra­do el orde­nador con mar­cos ale­manes occi­den­tales. “Cuan­do lo con­seguí, pasé el primer año jugan­do casi todos los jue­gos que pude con­seguir, inclu­i­dos los clási­cos de C64 como Defend­er of the Crown y The Last Nin­ja”, dice Ull­mann. “En ese momen­to mi padre pen­só que había cometi­do un gran error al com­prar el C64.” Sin embar­go, durante mucho tiem­po, Ull­mann no tuvo con­tac­to con otros como él. Un día se encon­tró con un car­tel ofi­cial del movimien­to juve­nil social­ista del FDJ, que anun­cia­ba el club de com­putación de la HdjT.

Piratería legal

Para muchos jugadores, el inter­cam­bio de jue­gos que tuvo lugar en esos clubes era la úni­ca posi­bil­i­dad que tenían para acced­er a los jue­gos de com­puta­do­ras occi­den­tales, porque no se vendían en tien­das nor­males. Solo se podían com­prar en las tien­das Inter­shop del gob­ier­no y el pago solo se podría hac­er en mar­cos ale­manes occi­den­tales. Y como un paque­te de 10 dis­cos vacíos podía costar has­ta 600 mar­cos de la Ale­ma­nia del Este, los jóvenes usuar­ios de com­puta­do­ras solían optar por cin­tas de casete más baratas, aunque téc­ni­ca­mente infe­ri­ores, como medio de alma­ce­namien­to de datos.

Curiosa­mente, los ale­manes ori­en­tales no esta­ban violan­do la ley al copi­ar los jue­gos porque el soft­ware no esta­ba pro­te­gi­do por dere­chos de autor en el país. El Tri­bunal de Dis­tri­to de Leipzig había dic­t­a­m­i­na­do en una decisión históri­ca en sep­tiem­bre de 1979 que con­sid­er­a­ba que el soft­ware no era “ni un tra­ba­jo cien­tí­fi­co ni un logro creativo”.

Dada la gran can­ti­dad de copias que se esta­ban real­izan­do en la Casa de los Jóvenes Tal­en­tos, la Stasi aparente­mente con­tó con numerosas fuentes para deter­mi­nar qué jue­gos y qué soft­ware se esta­ba com­par­tien­do. Los doc­u­men­tos que ZEIT ONLINE ha obtenido con­tienen una lista de todos los jue­gos que, has­ta donde la Stasi supo, esta­ban a dis­posi­ción del club de infor­máti­ca de Berlín Este, en julio de 1987. Paubel dice que, en ese momen­to, él mis­mo no sabía todo lo que esta­ba pasan­do a su alrededor.

La lista de cin­co pági­nas con­tiene los nom­bres de 261 jue­gos para la C64. La may­oría de los jue­gos tienen nom­bres en inglés, pero la Stasi amable­mente los tradu­jo al alemán. Incluye, por ejem­p­lo, Saman­tha Fox Strip Pok­er, un juego de car­tas en el que aparece desnu­da la entonces famosa can­tante pop británi­ca, que tam­bién había tra­ba­ja­do como una chi­ca de la Page 3. El juego fue tra­duci­do como Saman­tha Fuchs [zor­ro en alemán] desve­stir Pok­er. Se nece­si­ta un poco de imag­i­nación, al mirar hoy la lista, para adiv­inar el títu­lo orig­i­nal en inglés detrás de algu­nas de las traducciones.

Frog­ger


La Stasi tam­bién encon­tró un juego lla­ma­do Frog­ger en la Casa de los Jóvenes Tal­en­tos, uno de los jue­gos de C64 más pop­u­lares –y com­ple­ta­mente inofen­si­vo. Fuente: Sega / c64-longplays.de

No es sólo el con­tenido del informe lo que lo hace tan intere­sante, sino tam­bién su proce­den­cia: el jefe adjun­to de la División XV (“Inteligen­cia en tec­nología de defen­sa e inge­niería mecáni­ca”), respon­s­able del espi­ona­je extran­jero para la Direc­ción Gen­er­al de Reconocimien­to del Min­is­te­rio de Seguri­dad del Esta­do, lo había envi­a­do a un cole­ga de las ofic­i­nas de la Stasi en el dis­tri­to de Berlín, al pare­cer a peti­ción de este últi­mo. En su car­ta, fecha­da el 2 de sep­tiem­bre de 1987, el hom­bre de la Inteligen­cia Extran­jera refiere una “fuente” sin dar ningu­na otra descrip­ción de esa persona.

No es posi­ble deter­mi­nar la iden­ti­dad de dicha fuente a par­tir de los doc­u­men­tos obtenidos por ZEIT ONLINE. Lo que se puede decir, sin embar­go, es que, en la Direc­ción Gen­er­al de Reconocimien­to, “fuente” nor­mal­mente sig­nifi­ca­ba infor­mantes en el área de la operación, es decir, en el extran­jero. Esta podría ser la lla­ma­da “fuente A”, alguien que tuvo con­tac­to con alguien que tra­ba­ja­ba en un deter­mi­na­do lugar de interés o en un cam­po de interés. O podría ser una “fuente O”, alguien que tra­ba­ja­ba en un lugar de interés o un agente clási­co espiando direc­ta­mente para el Min­is­te­rio de Seguri­dad del Estado.

Asalto a Moscú

Vein­titrés jue­gos de la lista están mar­ca­dos con la pal­abra “índice”, por haber sido con­sid­er­a­dos de “nat­u­raleza par­tic­u­lar­mente mil­i­tarista e inhu­mana”, como señala el doc­u­men­to. Curiosa­mente, la lista de la Stasi era casi la mis­ma que una lista sim­i­lar del gob­ier­no de Ale­ma­nia Occi­den­tal sobre jue­gos que con­sid­er­a­ba poten­cial­mente dañi­nos para los menores. La may­oría de los títu­los pre­sen­ta­dos son jue­gos de tipo shoot’em up, incluyen­do Com­man­do, Blue Max, Ram­bo y el infame Raid Over Moscow, que la Stasi llamó Attack on Moscow. (Hemos inclu­i­do una ver­sión de los años 80 de Raid Over Moscow en la parte supe­ri­or de este artícu­lo que se puede jugar legal­mente [puede jugarse en la pági­na del artícu­lo origina].) 

Ram­bo: First Blood, parte II


El juego, que data de 1986, es tan poco sofisti­ca­do como la propia pelícu­la Ram­bo: el jugador corre a través de Viet­nam como un luchador soli­tario matan­do gente. Fuente: Ocean / c64-longplays.de

El obje­ti­vo del jugador en Raid Over Moscow es destru­ir el arse­nal de armas nuclear­es de la Unión Soviéti­ca, con­vir­tien­do al juego nece­sari­a­mente en un asun­to políti­co para las autori­dades de Ale­ma­nia Ori­en­tal. Si la Stasi hubiera des­cu­bier­to que vos eras dueño de una copia del juego cuan­do eras ado­les­cente, dice Ull­mann, “eso te podría haber cau­sa­do muchos prob­le­mas”. Pero añade: “el amor por los video­jue­gos superó clara­mente los temores de ser atra­pa­do por la Stasi”.

Com­para­do con los jue­gos de hoy, Raid Over Moscow parece casi inofen­si­vo, pero fue demasi­a­do para la autori­dad de pro­tec­ción juve­nil de Ale­ma­nia Occi­den­tal, que lo puso en su índice en 1985. Al jus­ti­ficar la medi­da, las autori­dades escri­bieron: “en los ado­les­centes may­ores, jugar (…) puede provo­car ten­sión físi­ca, ira, agre­sivi­dad, pen­samien­tos agi­ta­dos, difi­cul­tad para con­cen­trarse, dolores de cabeza, etc.”. El juego, que ha esta­do fuera de cir­cu­lación durante años, fue elim­i­na­do del índice en 2010. Los ele­men­tos de la lista se elim­i­nan automáti­ca­mente después de 25 años, y des­de entonces no ha habido solic­i­tudes para volver a incluir­los en el índex.

Komodore” y “Adari”

En la déca­da de 1980, Ste­fan Paubel, que tra­ba­ja­ba en la Casa de los Jóvenes Tal­en­tos, quería ase­gu­rarse de que el club de com­putación no se cer­rara debido a los tipos de jue­gos que se inter­cam­bi­a­ban o juga­ban allí. Paubel encon­tró una solu­ción tan astu­ta como sim­ple: puso un car­tel en la pared que decía: “Está pro­hibido en este club jugar a jue­gos que glo­ri­fiquen la guer­ra”. Prob­le­ma resuelto.

Un juego que la Stasi inten­tó acti­va­mente man­ten­er fuera de cir­cu­lación fue el juego de estrate­gia Krem­lin, que había sido desar­rol­la­do por la pequeña pro­duc­to­ra suiza Fata Mor­gana Games. En Krem­lin, el jugador asume el papel de un políti­co soviéti­co que luego lucha con­tra otros para con­ver­tirse en el líder del par­tido. Un expe­di­ente de la Stasi señal­a­ba que el juego “con­tradice los intere­ses de la RDA debido a sus declara­ciones anti­so­viéti­cas”. Debido a eso, decía, la importación de Krem­lin debe ser pre­veni­da en todas las cir­cun­stan­cias. Adjun­to al informe, como prue­ba, había un recorte de una reseña de Krem­lin pub­li­ca­da en la revista ale­m­ana occi­den­tal C64 Hap­py Com­put­er. Por otro lado, la Stasi obtu­vo los man­uales de otros jue­gos. La sucur­sal de Leipzig, por ejem­p­lo, obtu­vo instruc­ciones para el juego Elite, una sim­u­lación espa­cial que se pub­licó en 1984.


Jugar en 1985: La C64 podía conec­tarse a un tele­vi­sor, y cuan­do los lec­tores se hacían de una copia de la revista Hap­py Com­put­er, las críti­cas sobre jue­gos esta­ban entre las primeras cosas que mira­ban. Lo mis­mo ocur­ría con los infor­mantes de la Stasi. Fuente: Lobo K‑P

Para Volk­er Strübing, los jue­gos de la C64 pro­por­cionaron un escape a “un nue­vo mun­do, lejos de la vida cotid­i­ana, a menudo destar­ta­l­a­da, de Ale­ma­nia Ori­en­tal”. Al igual que Timo Ull­mann, Strübing tenía solo 16 años en 1988 y vis­ita­ba con fre­cuen­cia el club de infor­máti­ca de la HdjT. Las reuniones crearon un grupo muy unido de jóvenes de Berlín Ori­en­tal que juga­ban jun­tos a los video­jue­gos en su tiem­po libre. Pron­to comen­zaron a desar­rol­lar sus pro­pios pro­gra­mas y, como Strübing, a hac­er músi­ca en la C64. Strübing había com­pra­do su com­puta­do­ra en un Inter­shop en Berlín Este, habi­en­do obtenido la mon­e­da fuerte nece­saria de su abue­lo en Berlín Oeste.

Cada miér­coles los chicos envolvían sus com­puta­do­ras en toal­las, los metían en bol­sas, y se dirigían a la HdjT, donde ya no tenían que pre­ocu­parse sobre si las C64 del club esta­ban disponibles o no. “Según los están­dares de la RDA, fuimos real­mente priv­i­le­gia­dos en Berlín Este con nues­tras C64”, dice Strübing.

Al mis­mo tiem­po, los fun­cionar­ios de la adu­a­na de la RDA y de la Stasi esta­ban cada vez más deses­per­a­dos en sus inten­tos de con­tro­lar la propa­gación de los video­jue­gos occi­den­tales. En un doc­u­men­to de octubre de 1986, un inspec­tor declaró que en la RDA se intro­ducían de con­tra­ban­do muchos más dis­quetes que el año ante­ri­or. Sólo en Berlín Este, 18.000 de ellos encon­tra­ban su camino a las tien­das cada mes, según ese mis­mo informante.

Opera­ciones mil­itares de combate

Con el fin de con­trar­restar la difusión sin tra­bas de pro­gra­mas infor­máti­cos supues­ta­mente sub­ver­sivos, las ofic­i­nas de dis­tri­to de la Stasi realizaron con­troles aleato­rios de los dis­quetes cir­cu­lantes en bus­ca de con­tenidos pro­hibidos. Un archi­vo obtenido por ZEIT ONLINE mues­tra, por ejem­p­lo, que en la ciu­dad de Glauchau en Sajo­nia, los tra­ba­jadores de la Stasi bus­caron “tec­nología infor­máti­ca de ori­gen occi­den­tal con el cor­re­spon­di­ente pro­gra­ma”, que una fábri­ca de lana y seda de propiedad del gob­ier­no local en la ciu­dad de Meer­ane había adquiri­do en una tien­da de artícu­los usa­dos. Los agentes de la Stasi no esta­ban muy famil­iar­iza­dos con las mar­cas de com­puta­do­ras, refir­ién­dose en sus notas a “Komodore” y “Adari”. En cualquier caso, lo que encon­traron en los dis­cos fue más grave: “jue­gos de guer­ra en los que las opera­ciones de com­bate mil­i­tar pueden ser sim­u­ladas con tan­ques mar­ca­dos con una estrel­la roja”.

Blue Max


Blue Max, de 1983, tam­bién fue colo­ca­do en el índice de la Stasi. En el juego, los jugadores son pilo­tos de caza británi­cos durante la Primera Guer­ra Mundial. 

El joven sol­da­do e infor­mante de la Stasi que hizo su primera visi­ta a la HdjT en Berlín Ori­en­tal el 6 de enero de 1988, estu­vo aten­to a cualquier juego poten­cial­mente incrim­i­na­to­rio que se inter­cam­biara allí. Y en la reunión del club de com­putación del sigu­iente miér­coles encon­tró lo que esta­ba bus­can­do. Un joven de 11º gra­do [16 o 17 años aprox.] había “traí­do con­si­go una enorme can­ti­dad de dis­quetes que en su may­oría con­tenían jue­gos de guer­ra”, dijo el infor­mante más tarde a la Stasi, como señala el segun­do informe de “Infor­ma­ción Oper­a­ti­va” del 16 de enero de 1988.

El espía hizo una copia del juego de acción de guer­ra aérea Ace of Aces del alum­no de 11º gra­do y luego infor­mó a su coman­dante que en el juego, “es posi­ble con aviones, sub­mari­nos y otros equipos de com­bate atacar y bom­bardear ciu­dades o com­bat­ir obje­tos mil­itares en un con­tex­to paneu­ropeo”. Al final del doc­u­men­to se indi­ca­ba que el infor­mante había recibido instruc­ciones de obten­er más infor­ma­ción en la próx­i­ma reunión dos sem­anas después. Debía obten­er los “datos per­son­ales nece­sar­ios para iden­ti­ficar” al alum­no de 11º gra­do y “estable­cer un con­tac­to más estre­cho” con él. Tam­bién debía inten­tar “volver a hablar con el líder (una ref­er­en­cia a Paubel)”.

Este es el últi­mo doc­u­men­to en pos­esión de ZEIT ONLINE que con­tiene algu­na ref­er­en­cia al joven infor­mante que había sido asig­na­do para mon­i­tore­ar el club de com­putación de la HdjT. No existe infor­ma­ción sobre la activi­dad pos­te­ri­or del infor­mante, ni existe ningún informe de los fun­cionar­ios de enlace de la Stasi que arro­je luz sobre los sigu­ientes pasos del infor­mante. Y ni Ste­fan Paubel, ni Timo Ull­mann, ni Volk­er Strübing pueden recor­dar ningún encuen­tro con un joven tan curioso. Tam­poco hubo con­se­cuen­cias nota­bles para el club de com­putación que pudier­an haber surgi­do del mon­i­toreo de la Stasi. Paubel con­tin­uó dan­do sus con­fer­en­cias sobre orde­nadores occi­den­tales, mien­tras que Ull­mann y Strübing con­tin­uaron inter­cam­bian­do jue­gos con diligencia.

Los días más felices de mi vida”

No fue has­ta julio de 1989, pocas sem­anas antes del éxo­do masi­vo de ciu­dadanos de la RDA hacia la fron­tera astro-hún­garo, que otro colab­o­rador no ofi­cial “con conocimien­tos bási­cos de infor­máti­ca” vis­itó el club de infor­máti­ca de la Casa de los Jóvenes Tal­en­tos. Tam­bién recono­ció ráp­i­da­mente que el club “tenía prin­ci­pal­mente el carác­ter de una reunión de inter­cam­bio para el inter­cam­bio de soft­ware”. En su may­or parte “se inter­cam­bian pro­gra­mas y jue­gos de ordenador”.

El infor­mante tam­bién se reunió con adul­tos allí, incluyen­do a un pro­fe­sor de infor­máti­ca que tenía una C64 y esta­ba “meti­do en una red pri­va­da de inter­cam­bio de soft­ware”. En los expe­di­entes se indi­ca que el infor­mante pro­pu­so iden­ti­ficar al pro­fe­sor de infor­máti­ca en cuestión, y coor­di­nar otras medi­das con el Grupo de Tra­ba­jo para la Pro­tec­ción de los Secre­tos. Sin embar­go, no con­sid­eró nece­sario super­vis­ar más de cer­ca al club a través de opera­ciones de escuchas tele­fóni­cas, por ejem­p­lo. El infor­mante aparente­mente asum­ió que el club no era una fuente de activi­dad políti­ca subversiva.

Las com­puta­do­ras se hacen peligrosas

Sólo unos meses después la situación políti­ca cam­bió com­ple­ta­mente cuan­do las masas empezaron a salir a las calles a protes­tar en Ale­ma­nia Ori­en­tal. El 10 de octubre de 1989, el mis­mo jefe de la AGG de la admin­is­tración del dis­tri­to de la Stasi en Berlín, que un año antes había descrito el uso pri­va­do de com­puta­do­ras en la RDA, señaló que con­tenidos del Nue­vo Foro [New Forum] se había encon­tra­do en var­ios dis­quetes en Berlín “rela­ciona­dos con las cre­cientes activi­dades del opo­nente políti­co”. La orga­ni­zación del Nue­vo Foro tuvo una gran influ­en­cia en los movimien­tos de protesta.


“Test críti­cos de jue­gos famosos”: la revista Hap­py Com­put­er de Ale­ma­nia Occi­den­tal era de lec­tura oblig­a­to­ria en la déca­da de 1980 para los jugadores de toda Ale­ma­nia. Fuente kultpower.de

El ofi­cial de la Stasi escribió que se debería crear una lista de per­sonas sospe­chosas “que posean una imprenta y dis­tribuyan tex­tos políti­cos y jue­gos de carác­ter fascista”. Las com­puta­do­ras y los pro­gra­mas de com­putación ‑jue­gos o proce­sadores de tex­tos- eran entonces con­sid­er­a­dos por el Esta­do como una ame­naza poten­cial. El rég­i­men inten­tó deses­per­ada­mente con­tro­lar la ráp­i­da propa­gación de datos y soft­ware. Pero un inten­to de cen­surar a los propi­etar­ios de com­puta­do­ras, en cualquiera for­ma, nun­ca se mate­ri­al­izó. Un mes después, el Muro cayó.

Reflex­io­nan­do sobre los acon­tec­imien­tos que tuvieron lugar hace tres décadas, Ste­fan Paubel dice que está bas­tante decep­ciona­do por lo que con­tienen los archivos de la Stasi. “Creo que los infor­mantes eran muy ingen­u­os. Los informes son demasi­a­do pos­i­tivos”. Pero Paubel dice que él tam­bién era prob­a­ble­mente un poco ingen­uo en ese momen­to, dado que poseía una impre­so­ra de matriz de pun­tos, que la Stasi veía como un dis­pos­i­ti­vo poten­cial para la dis­em­i­nación de fol­letos políti­cos. Tam­bién cree que fue prob­a­ble­mente un poco des­cuida­do haber copi­a­do números de la revista Hap­py Com­put­er en el ayun­tamien­to de Berlín Este  –un ser­vi­cio que cam­bió por bebidas alco­hóli­cas. Tales trav­es­uras, que en ret­ro­spec­ti­va pare­cen bas­tante humorís­ti­cas, no fueron des­cu­bier­tas en su momen­to. “A veces, tam­bién ayu­da ten­er la suerte de tu lado”, dice Paubel.

A Volk­er Strübing tam­bién le sor­prende que la Stasi no haya adop­ta­do una pos­tu­ra más dura con­tra los clubes de infor­máti­ca y los jóvenes jugadores como él. “Tenían todo lo críti­co en los informes: inter­cam­biar soft­ware, una lista com­ple­ta de todos los jue­gos que glo­ri­f­i­can la guer­ra y las com­puta­do­ras occi­den­tales”, dice. “Pero aparente­mente no tenían idea de lo que sig­nifi­ca­ba todo esto.” Por ejem­p­lo, el hecho de que, aunque no rep­re­sen­taran un escape con­cre­to de Ale­ma­nia Ori­en­tal, equiv­alían a escapar de los ide­ales del Estado.

Pero en lugar de ten­er que temer las con­se­cuen­cias neg­a­ti­vas, los jóvenes del club de com­putación de la HdjT tendían a dis­fru­tar de las ven­ta­jas, dice Timo Ull­mann. Dice que se les veía como can­didatos a la escuela de inge­niería de Berlín Ori­en­tal. Además, a par­tir de 1988, el gob­ier­no redu­jo el ser­vi­cio mil­i­tar oblig­a­to­rio a nueve meses para los estu­di­antes que ini­cia­ban cur­sos de cien­cias de la computación.

La micro­elec­tróni­ca era una “vaca sagra­da” para la RDA, dice Paubel. “Los jóvenes de aquí se ded­i­ca­ban a la infor­máti­ca, que era un obje­ti­vo políti­co ofi­cial; en ese sen­ti­do, parece que los fun­cionar­ios esta­ban dis­puestos a aguan­tar muchas cosas”. Paubel cree que esa es prob­a­ble­mente la razón por la que los vis­i­tantes del club de com­putación de la HdjT pudieron salirse con la suya y tam­bién por la que tuvieron la opor­tu­nidad de hac­er cosas que no habrían sido posi­bles en ningún otro lugar de Ale­ma­nia Oriental.

Además, la lit­er­atu­ra académi­ca disponible sobre las activi­dades del Min­is­te­rio de Seguri­dad del Esta­do a medi­a­dos de la déca­da de 1980 tam­bién mues­tra que la vig­i­lan­cia encu­bier­ta y la opre­sión encu­bier­ta eran más típi­cas de esa época que la repre­sión abier­ta. En los años ochen­ta, el rég­i­men de la RDA se pre­ocu­pa­ba por su rep­utación y, por lo tan­to, era mucho más cauteloso en algunos ámbitos que en los años sesenta.

Una car­ta de adver­ten­cia de un abogado

Ste­fan Paubel describe su expe­ri­en­cia con el club de com­putación de la Casa de los Jóvenes Tal­en­tos como “el momen­to más feliz de mi vida”. Tras la caí­da del comu­nis­mo, Paubel tra­ba­jó primero en una tien­da de infor­máti­ca y más tarde se con­vir­tió en dis­eñador de medios de comunicación.

En la actu­al­i­dad crea nuevas vis­tas de calles y ciu­dades uti­lizan­do fotomon­ta­jes, y tam­bién ha escrito dos libros, Old Man­hole Cov­ers in Berlin y Old Man­hole Cov­ers in Europe, y tiene un ter­cero en preparación. Paubel todavía posee su antigua C64.

En 1990, Volk­er Strübing y otros miem­bros de su club de infor­máti­ca desar­rol­laron el juego de rompecabezas Atom­i­no para el estu­dio alemán de jue­gos Blue Byte. En la déca­da de 1990, Strübing ayudó a estable­cer una serie de lec­turas públi­cas en Berlín lla­ma­da LSD — el acrón­i­mo alemán de Amor, No Dro­gas. Las lec­turas siguen tenien­do lugar hoy en día. Des­de mayo de 2007 ha esta­do hacien­do Kloss und Spinne, una come­dia ani­ma­da en YouTube. Sigue escri­bi­en­do sobre la C64.

Timo Ull­mann es el úni­co de los tres que todavía se ded­i­ca pro­fe­sion­al­mente a los jue­gos de com­puta­do­ra. Después de la caí­da del comu­nis­mo estudió infor­máti­ca y tra­ba­jó jun­to con otros del grupo de la HdjT en Ter­ra­tools, una empre­sa de jue­gos situ­a­da en Pots­dam, cer­ca de Berlín. En 1999 fundó Yager jun­to con cua­tro cole­gas. La empre­sa es una de las may­ores desar­rol­lado­ras de jue­gos de com­puta­do­ra de Ale­ma­nia y cuen­ta con más de 100 emplea­d­os. “Todo esto tiene sus raíces en la C64 y en el club de orde­nadores de la HdjT”, dice Ull­mann. “Fue una época maravillosa.”

El club de infor­máti­ca de la Casa de los Jóvenes Tal­en­tos sigu­ió existien­do durante un tiem­po después de la caí­da del Muro de Berlín. Pero el Min­is­te­rio de Seguri­dad del Esta­do fue dis­uel­to en 1990. Fue tam­bién en esa época cuan­do los jugadores de la RDA empezaron a ten­er difi­cul­tades para copi­ar o cam­biar los jue­gos occi­den­tales, pub­li­can­do sus necesi­dades y deseos, por ejem­p­lo, en los anun­cios clasi­fi­ca­dos. Y no fueron las autori­dades estatales de la desmoron­a­da RDA las que se ocu­paron de su caso. En su lugar, los jugadores reci­bieron car­tas de adver­ten­cia de los abo­ga­dos –su ini­ciación a las mar­avil­las de ese cap­i­tal­is­mo que pron­to tomaría el control.

En agos­to de 1990, dos meses antes de la reunifi­cación y del fin de la RDA, los miem­bros restantes del club de infor­máti­ca de la HdjT de Berlín Este deci­dieron dis­olver el club.

***

Imple­mentación grá­fi­ca: Stef­fen Hän­sch, Moritz Klack, Jonas Parnow, Christoph Rausch­er, Julian Stahnke, Julius Tröger.
Con­sul­ta históri­ca: Copa Franziska.
Mon­ta­je: Dirk Peitz.
Tra­duc­ción: Daryl Lind­sey.
Tra­duc­ción al español: deepl.com con ayu­da de Nicolás Quiroga

***

Anexo

La lista de la Stasi (1987) de jue­gos disponibles en el club de com­putación. Los títu­los en inglés fueron tra­duci­dos por la Stasi. Según la autori­dad, todos los jue­gos mar­ca­dos con “index­a­dos” se con­sid­er­a­ban de “nat­u­raleza par­tic­u­lar­mente mil­i­tarista e inhumana”.

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Fuente: BStU 

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