El antepasado dial-up de las redes sociales: la BBS

El antepasa­do dial-up de las redes sociales: la BBS

Kevin Driscoll

Este artícu­lo apare­ció en IEEE Spec­trum, vol­u­men 53, 11, noviem­bre 2016 bajo el títu­lo de “Social Medi­a’s Dial-up Roots”. Kevin Driscoll es pro­fe­sor asis­tente en el Depar­ta­men­to de Media Stud­ies en la Uni­ver­si­dad de Vir­ginia, en Charlottesville.

Link del artícu­lo en inglés: Driscoll, Social Medi­a’s Dial-up Roots

Para mil­lones de per­sonas alrede­dor del mun­do, inter­net es un sim­ple hecho en sus vidas. Damos por sen­ta­do la red invis­i­ble que per­mite comu­ni­carnos, nave­g­ar, inves­ti­gar, flirtear, com­prar y jugar. Tiem­po atrás, esa red de redes conecta­ba solo algu­nas empre­sas y uni­ver­si­dades. Y aunque en la actu­al­i­dad alcan­za los aspec­tos más ínti­mos de nues­tras vidas, muy poca gente sabe cómo inter­net se masiva.

Tal vez debido a que la may­oría de las his­to­rias de inter­net se enfo­can en las inno­va­ciones tec­nológ­i­cas: inter­cam­bio de paque­tes, ruteo dinámi­co, direc­cionamien­to e hiper­tex­to, por dar algunos ejem­p­los. Pero cuan­do una per­sona que no es ingeniero/a en redes habla sobre inter­net, ella o él rara­mente hablan sobre esas cosas. Para la may­oría de la gente, inter­net es prin­ci­pal­mente un medio para chatear con ami­gos, com­par­tir fotos, leer las noti­cias, hac­er com­pras. Para quien ha esta­do conec­ta­do solo durante la últi­ma déca­da aprox­i­mada­mente, inter­net es ape­nas la insta­lación de las redes sociales –una infraestruc­tura vital en la que no pen­samos mucho, excep­to tal vez cuan­do se rompe–.

Para com­pren­der cómo inter­net devi­no un medio para vida social, hay que ampli­ar el hor­i­zonte más allá de la tec­nología de las redes infor­máti­cas, y aso­marse a los impro­visa­dos lab­o­ra­to­rios de los “hob­bis­tas” de las micro­com­puta­do­ras de los años seten­ta y ochen­ta. Allí fue donde algu­nas de esas estruc­turas téc­ni­cas y prác­ti­cas cul­tur­ales que aho­ra iden­ti­fi­camos como de las redes sociales fueron desar­rol­ladas por primera vez por pen­sadores ama­teurs en su tiem­po libre, para fab­ricar sis­temas de colab­o­ración y comu­ni­cación medi­a­dos por las computadoras.

Por años, antes de que inter­net se hiciera acce­si­ble al públi­co, estos pio­neros entu­si­as­tas de las com­puta­do­ras chatearon e inter­cam­biaron archivos entre sí, uti­lizan­do sim­ples “sis­temas de tablón de anun­cios” o BBSs, que más tarde vin­culó a gru­pos diver­sos de per­sonas y cubrió un amplio espec­tro de intere­ses y comu­nidades. Esos oper­adores de BBS hicieron las huel­las de lo que luego sería la super­autopista de la infor­ma­ción. Así que se nece­si­ta algo de arque­ología para saber lo que estu­vo antes.

¿Cómo empezó todo? Durante el nevoso invier­no de 1978, Ward Chris­tensen y Randy Suess, miem­bros del Chica­go Area Com­put­er Hobbyist’s Exchange (CACHE), comen­zaron a ensam­blar lo que sería la primera BBS. Los inte­grantes de CACHE eran apa­sion­a­dos de las micro­com­puta­do­ras, en ese momen­to un tra­ba­jo esotéri­co [arcane endeav­or] por lo que los newslet­ters del club eran una invalu­able fuente de datos. La nue­va idea de Chris­tensen y Sues fue pon­er todos los newslet­ters en un archi­vo online uti­lizan­do para ello una micro­com­puta­do­ra adap­ta­da y un recien­te­mente adquiri­do modem novísimo.

Este modem incluía como car­ac­terís­ti­ca la de la auto-respues­ta, a la que Chris­tensen y Suess agre­garon una inter­face per­son­al­iza­da entre el modem y el switch de hard-reset. Cada vez que el telé­fono son­a­ba, el modem podría detec­tor la lla­ma­da entrante y entonces reboote­a­ba el sis­tema y arran­ca­ba direc­ta­mente un pro­gra­ma espe­cial de servi­dor escrito en lengua­je ensam­blador Intel 8080. Reini­ciar el sis­tema con cada lla­ma­da ofrecía una ter­mi­nante [bru­tal] pero efec­ti­va especie de recu­peración de caí­das o cuelgues de hard­ware o soft­ware –algo común en equipos caseros de esa época–.

Una vez que la conex­ión se establecía, el pro­gra­ma del servi­dor daba la bien­veni­da a los usuar­ios, proveía una lista de artícu­los para leer y los invita­ba a dejar men­sajes. Chris­tensen y Suess bau­ti­zaron al sis­tema “Sis­tema de tablón de anun­cios com­puta­riza­do de Ward y Randy” o CBBS. Era, como su nom­bre sug­iere, una ver­sión elec­tróni­ca de los tablones de anun­cios comu­ni­tar­ios que todavía pueden verse en bib­liote­cas, super­me­r­ca­dos, cafés e iglesias.

Cualquiera con acce­so a un teletipo o una ter­mi­nal de video podría dis­car a un CBBS. Y después de unos pocos meses, una pequeña pero acti­va comu­nidad comen­zó a for­marse alrede­dor del sis­tema. En la tradi­ción hob­bista de com­par­tir infor­ma­ción, Chris­tensen y Suess escri­bieron un informe sobre su proyec­to tit­u­la­do “Tablón de anun­cios com­puta­riza­do hob­bista” que apare­ció en el número de noviem­bre de 1978 de la influyente revista de com­putación Byte.

El artícu­lo daba detalles sobre el hard­ware que ellos uti­lizaron y sobre cómo orga­ni­zaron e imple­men­taron su soft­ware. Los autores inclu­so incluyeron sus números de telé­fono e invi­taron a los lec­tores a pro­bar la CBBS. Advir­tien­do la nat­u­raleza exper­i­men­tal del sis­tema, alen­taron a los lec­tores a “col­gar y volver a pro­bar, varias veces, si tenían prob­le­mas”. Después de la pub­li­cación de la nota, las lla­madas a su com­puta­do­ra empezaron a entrar.

Durante los años sigu­ientes, cien­tos de sis­tema de pequeña escala como el CBBS surgieron a lo largo y ancho del país. Tal vez inspi­ra­dos en el artícu­lo de la revista Byte, muchos de esos nuevos sis­temas fueron orga­ni­za­dos por clubs de com­puta­do­ras locales. En 1983, TAB Books, una edi­to­r­i­al que pub­licó numerosos man­uales de elec­tróni­ca del tipo de hága­lo ust­ed mis­mo, pub­licó How to Cre­ate Your Own Com­put­er Bul­letin Board de Lary L. Myers. Para explicar mejor el con­cep­to y el espíritu que alenta­ba al libro, Myers incluyó el códi­go fuente en lengua­je BASIC para el soft­ware del host. La con­trat­a­pa del libro incluyó una lista de telé­fonos de más de 275 BBS públi­cas en 43 Esta­dos de Esta­dos Unidos. Algu­nas cobra­ban una cuo­ta, mien­tras que la may­oría eran gra­tu­itas. Las raíces de las redes sociales comen­zaron a surgir.

En ret­ro­spec­ti­va 1983 fue un año críti­co para la com­putación de masas (pop­u­lar com­put­ing). En Fran­cia, el sis­tema Mini­tel, finan­cia­do por el Esta­do, com­pletó su primer año oper­a­ti­vo com­ple­to en París, hacien­do acce­si­ble noti­cias, mer­caderías y chats para todos los ciu­dadanos. En Esta­dos Unidos los sis­temas com­er­ciales jóvenes ganaron impul­so cuan­do Com­puServe reportó más de 50 000 sub­scrip­tores de pago.

Inclu­so Hol­ly­wood se interesó por el cibere­s­pa­cio. En 1983 la pelícu­la Jue­gos de Guer­ra, pro­tag­on­i­za­da por un joven hack­er que explo­ra redes de com­puta­do­ras remo­tas des­de su dor­mi­to­rio, devi­no un improb­a­ble éxi­to de taquilla.

Aunque el micro­or­de­nador IMSAI y el módem de acoplamien­to acús­ti­co rep­re­sen­ta­dos en la pelícu­la costaron tan­to como un auto usa­do bara­to, los curiosos usuar­ios de com­puta­do­ras inspi­ra­dos en la pelícu­la podían com­prar pro­duc­tos alter­na­tivos en la Radio Shack más cer­cana por aprox­i­mada­mente el cos­to de un estéreo de bue­na cal­i­dad. Y a medi­da que avan­z­a­ba la déca­da el uni­ver­so en línea se expandió ráp­i­da­mente, des­de su núcleo orig­i­nal de afi­ciona­dos al micro­or­de­nador, para abar­car a un grupo mucho más amplio.

Las primeras BBS dial-up fueron en su may­oría asun­tos locales. No es algo sor­pren­dente: en los tem­pra­nos ochen­ta, la may­oría de los esta­dounidens­es paga­ba una tar­i­fa plan men­su­al con lla­madas locales ilim­i­tadas, pero lla­mar a otra ciu­dad u otro esta­do se cobra­ba de acuer­do a la dis­tan­cia, duración y hora del día. Inclu­so las lla­madas al mis­mo esta­do podían ser bas­tante cos­tosas. Para los usuar­ios prin­cipi­antes de BBS recibir una mon­stru­osa fac­tura de telé­fono era con­sid­er­a­do un rito de pasaje. Para evi­tar hac­er lla­madas de larga dis­tan­cia, los usuar­ios más exper­i­men­ta­dos restringían su activi­dad online a los sis­temas cer­canos que podían ser alcan­za­dos sin cos­to alguno.

La nat­u­raleza local del uso de las bbs sig­nificó que los usuar­ios asum­ier­an, razon­able­mente, que la gente que conocían online vivía cer­ca. Aunque muchas BBS alenta­ban el uso de seudón­i­mos, o han­dles, era muy prob­a­ble que la per­sona con la que chateás hoy, pudiera ser quien te lleve el deliv­ery o entre­nara al equipo de fút­bol de tu hija mañana.

Algunos admin­istradores de BBS, o sysops, reforz­a­ban este sen­ti­do de comu­nidad orga­ni­zan­do reg­u­lares encuen­tros vis-a-vis, a menudo en plazas locales. Los desacuer­dos online –flame wars– tam­bién podían man­ten­erse bajo con­trol debido a que el cos­to de ser un estúpi­do aumenta­ba con la prob­a­bil­i­dad de ver a tu inter­locu­tor cara a cara.

Otra dis­tin­ción clave entre las BBS de acce­so tele­fóni­co de prin­ci­p­ios de la déca­da de 1980 y los ser­vi­cios de redes sociales que uti­lizamos hoy en día es que, en su may­or parte, cada BBS era un mun­do en sí mis­mo, zum­ban­do en un ale­gre ais­lamien­to de todo los demás. Con el tiem­po, cada sis­tema desar­rol­ló su propia per­son­al­i­dad idios­in­cráti­ca. Uno podía cen­trarse en el com­er­cio de jue­gos de share­ware, otro en dis­cu­tir sobre políti­ca y un ter­cero en hablar de pro­gra­mas de televisión.

Usuar­ios exper­i­men­ta­dos vis­ita­ban dis­tin­tas BBS en sus zonas, man­te­nien­do un per­fil sep­a­ra­do en cada uno de ellas. En las áreas met­ro­pol­i­tanas grandes como Atlanta, Min­neapo­lis, o Hous­ton, podía haber una doce­na o más BBS locales para vis­i­tar. Pero la gente en las zonas menos pobladas rara vez tuvo tan­ta suerte. Los usuar­ios rurales con intere­ses par­tic­u­lar­mente estre­chos ‑dig­amos, colec­cionar relo­jes antigu­os- pudieron haber tenido sólo una o dos per­sonas más cer­ca para con­ver­sar con ellos. Anhela­ban más.

Para super­ar el coste económi­co de las lla­madas de larga dis­tan­cia y el cos­to social del ais­lamien­to, los oper­adores de BBS nece­sita­ban encon­trar una man­era de inter­conec­tar sus sis­temas, crear una red de redes BBS – una Inter­net pop­u­lar. Chris­tensen y Suess habían plantea­do la idea de una red de BBSs en la con­clusión de su artícu­lo de Byte de 1978, pero fue el afi­ciona­do Tom Jen­nings quien dis­eñó una ver­dadera interred de BBS.

En 1984, Jen­nings dis­tribuyó gra­tuita­mente des­de su casa, en la zona de la Bahía de San Fran­cis­co, un pro­gra­ma host BBS para el sis­tema oper­a­ti­vo de Microsoft, MS-DOS. Llamó al pro­gra­ma Fido. La pop­u­lar­i­dad de la BBS de Fido cre­ció jun­to a la del MS-DOS, y pron­to hubo una doce­na o más sis­temas de BBS eje­cu­tan­do el programa.

Para pro­bar, Jen­nings agregó una fun­ción exper­i­men­tal a su soft­ware que per­mi­tió a dos BBSs de Fido lla­marse entre sí automáti­ca­mente e inter­cam­biar datos. Después de una prue­ba de cos­ta a cos­ta con John Madill, un oper­ador de Fido BBS en Bal­ti­more, Jen­nings orga­nizó la primera red de BBSs y la llamó FidoNet. En una déca­da, FidoNet cre­ció has­ta con­ver­tirse en una red masi­va de 20.000 nodos que lle­ga­ba a usuar­ios tan lejanos como Sudáfrica y Nue­va Zelan­da. A difer­en­cia de lo que ocurre con el Inter­net actu­al, las máquinas de esta red nor­mal­mente alma­ce­nan datos durante muchas horas antes de reen­viar­los a su des­ti­no. Sin embar­go, FidoNet fun­cionó como una valiosa red mundi­al de datos.

Las primeras ver­siones de FidoNet incluyeron una serie de inteligentes deci­siones en su dis­eño que facil­i­taron el rápi­do crec­imien­to de la red. Des­de el prin­ci­pio, por ejem­p­lo, Jen­nings alen­tó la colab­o­ración pub­li­can­do doc­u­mentación téc­ni­ca sobre los pro­to­co­los y for­matos de archi­vo de FidoNet. Como resul­ta­do, el soporte para FidoNet se agregó a otros paque­tes de soft­ware BBS y pron­to se con­vir­tió en un están­dar de fac­to para la con­struc­ción de tales redes.

Debido a que FidoNet fue admin­istra­do prin­ci­pal­mente por afi­ciona­dos, fue dis­eña­do para man­ten­er bajos los cos­tos. Los inter­cam­bios entre nodos nor­mal­mente se real­iz­a­ban a media noche, cuan­do las tar­i­fas tele­fóni­cas de larga dis­tan­cia eran más bajas. El inter­va­lo durante el cual muchas BBSs se nega­ban a con­tes­tar las lla­madas de los usuar­ios, fue cono­ci­do por los ini­ci­a­dos como “hora de correo nacional”.

Ini­cial­mente, FidoNet solo pro­por­ciona­ba ser­vi­cios de correo elec­tróni­co inter-BBS. Pero FidoNet per­mi­tió a los usuar­ios de BBS imag­i­narse a sí mis­mos con­tribuyen­do a una vas­ta con­ver­sación con gente de todo el mun­do. Los recién lle­ga­dos añadieron más tarde otras car­ac­terís­ti­cas y capacidades.

En 1986, Jeff Rush, oper­ador de BBS en Dal­las, creó un mecan­is­mo de con­fer­en­cia para FidoNet. El sis­tema de Rush, denom­i­na­do Echomail, fun­cionó de for­ma sim­i­lar a los foros de Com­puServe o a los gru­pos de noti­cias de Usenet: podías pub­licar un comen­tario, y cualquiera de la red podía respon­der­lo. Pero la par­tic­i­pación en esos foros ante­ri­ores requería una suscrip­ción men­su­al cos­tosa o el acce­so a un sis­tema Unix públi­co, mien­tras que cualquier per­sona con un PC y un módem podía acced­er a Echomail de FidoNet. Como resul­ta­do, Echomail se hizo muy pop­u­lar y fue par­tic­u­lar­mente útil para la gente que vivía en las áreas rurales o para aque­l­los con intere­ses especí­fi­cos. Por primera vez, toda la población de usuar­ios de BBS pudo par­tic­i­par en una dis­cusión conjunta.

Más allá de los Esta­dos Unidos, las BBS parecían sur­gir en cualquier lugar donde se pudiera conec­tar un micro­or­de­nador a una línea tele­fóni­ca. En 1987, Pablo Klein­man, un sysop en Buenos Aires, ayudó a conec­tar los primeros cua­tro nodos de FidoNet en Argenti­na, y un año después, Juan Dávi­la, un sysop en Puer­to Rico, anun­ció la creación de Lati­no Net, una con­fer­en­cia en español. Tras la dis­olu­ción de la Unión Soviéti­ca en 1991, un usuario de FidoNet con sede en los Esta­dos Unidos dis­tribuyó infor­ma­ción téc­ni­ca sobre la lec­tura y escrit­u­ra de men­sajes ciríli­cos y alen­tó a otros entu­si­as­tas de FidoNet a que se pusier­an en con­tac­to con el “abru­mador” número de usuar­ios rusos que se unían a la red.

Para 1993, Randy Bush, un defen­sor de FidoNet en el mun­do en vías de desar­rol­lo, estimó que el 59 por cien­to de los nodos se encon­tra­ban en Norteaméri­ca, el 30 por cien­to en Europa, el 4 por cien­to en Aus­tralia y Nue­va Zelan­da, y el 7 por cien­to restante esta­ba divi­di­do entre Asia, Améri­ca Lati­na y África. Los sis­temas africanos pueden haber sido pequeños en com­para­ción con toda la red, pero estas redes pequeñas podían ten­er un impacto rel­a­ti­va­mente supe­ri­or para los usuar­ios locales. En algu­nas regiones de África, señaló Bush, un por­tal de FidoNet pro­por­cionó un medio impor­tante para que los académi­cos y el per­son­al de las ONG, con esca­sos fon­dos, se man­tu­vier­an al tan­to de las últi­mas inves­ti­ga­ciones y noti­cias del exterior.

El crec­imien­to de FidoNet durante la déca­da de 1980 fue parte de un movimien­to más grande hacia una may­or conec­tivi­dad entre las redes de com­puta­do­ras. Esas inter­conex­iones se hicieron uti­lizan­do gate­ways espe­ciales que tradu­jeron men­sajes entre redes incom­pat­i­bles. En 1986, los admin­istradores de var­ios sis­temas Unix insti­tu­cionales abrieron puer­tas de acce­so a las BBS cer­canos, lo que per­mi­tió el inter­cam­bio de men­sajes entre los usuar­ios de FidoNet, Usenet y la Inter­net naciente. De hecho, var­ios gru­pos de noti­cias Usenet comen­zaron a hac­er copias creadas automáti­ca­mente de mate­r­i­al pub­li­ca­do en las con­fer­en­cias pop­u­lares en Echomail.

Es ten­ta­dor imag­i­nar que estos gate­ways intro­du­jeron a los usuar­ios de BBS en Inter­net. Sin embar­go, Inter­net en ese momen­to no atra­jo espe­cial­mente a la may­oría de los usuar­ios de BBS, que ya esta­ban meti­dos en su pro­pio mun­do online. El primer Inter­net se lim­ita­ba a las per­sonas con acce­so a grandes uni­ver­si­dades o cen­tros de inves­ti­gación, mien­tras que las BBS esta­ban abier­tos a cualquier per­sona. Como resul­ta­do, los usuar­ios de BBS podían ser vis­tos como elec­trones libres (y raros) en el cibere­s­pa­cio. De hecho, puede ser más exac­to decir que los gate­ways expusieron la Inter­net rel­a­ti­va­mente pequeña a las sal­va­jadas de los BBSers.

A medi­da que los años ochen­ta fueron dejan­do paso a la déca­da de 1990, la caí­da de los pre­cios de los orde­nadores y la disponi­bil­i­dad de los PC usa­dos per­mi­tieron que muchas más per­sonas empezaran a uti­lizar la tec­nología. Los módems tam­bién pasaron de ser una opción cos­tosa a un com­po­nente están­dar en nuevas PCs. A medi­da que estas bar­reras a la par­tic­i­pación cayeron, una ola de nuevos reclu­tas se puso en línea, y la cul­tura BBS comen­zó a refle­jar intere­ses más diver­sos. Ado­les­centes, edu­cadores, artis­tas y empre­sar­ios se unieron a la cre­ciente población de admin­istradores y usuar­ios de BBS.

Cien­tos de BBS aparecieron a finales de los años 80 y prin­ci­p­ios de los 90 para servir a comu­nidades e intere­ses par­tic­u­lares. El Bat­board en Colum­bia, Mo. se dedicó a todas las cosas de Bat­man, por ejem­p­lo, mien­tras que el Com­plete Base­ball BBS en Cam­bridge, Mass­a­chu­setts se ocu­pa­ba de los asun­tos que su nom­bre indi­ca. Los seguidores de Grate­ful Dead (“dead­heads”) orga­ni­zaron inter­cam­bios de videos y car­pool­ing en WELL de Sausal­i­to, Cal­i­for­nia, y los jugadores hard­core inter­cam­biaron nive­les caseros de Doom en Soft­ware Cre­ations en Clin­ton, Mass­a­chu­setts. El Back Door en San Fran­cis­co apoyó a la muy acti­va comu­nidad LGBT, mien­tras que el Back­draft en Key Largo, Flori­da, pro­por­cionó un lugar de reunión para los bomberos. El Win­plus con temas cris­tianos en Kent, Wash. y la Brew­er’s Witch de Hous­ton con ori­entación pagana eran bien cono­ci­dos por sus amis­tosos encuen­tros fuera de línea, mien­tras que Dhar­maNet unió cien­tos de BBS budistas.

Libres del asom­broso tamaño y del imper­a­ti­vo de ganan­cias de los ser­vi­cios com­er­ciales, estas pequeñas BBS ori­en­tadas a la comu­nidad fueron lugares de exper­i­mentación. Dada la pre­pon­der­an­cia de los hom­bres en la tem­prana cul­tura BBS, muchos sysops se esforzaron por crear ambi­entes acoge­dores para las rel­a­ti­va­mente pocas mujeres que lla­maron. Sta­cy Horn, propi­etaria de la longe­va Echo BBS en la ciu­dad de Nue­va York, fue espe­cial­mente tenaz en sus apela­ciones a las mujeres, ofre­cien­do a las nuevas usuar­ias 12 meses de ser­vi­cio gra­tu­ito y con­fer­en­cias en línea solo para mujeres. “Pen­sé que sería un lugar más fres­co si hubiera mujeres allí”, comen­tó en una entre­vista de 1996. “¿A quién le impor­ta hablar con blan­cos de 20 años todo el tiempo?”

A difer­en­cia de lo que ocurre actual­mente con las redes sociales, era común que las BBS en pequeña escala inves­ti­garan a los nuevos usuar­ios antes de dar­les pleno acce­so. El Tardis BBS en Indi­ana, por ejem­p­lo, ver­i­ficó a todos sus usuar­ios con una lla­ma­da tele­fóni­ca de voz. Las usuar­ias que afirma­ban ser mujeres fueron invi­tadas a las sec­ciones “solo para damas” de la Jun­ta Direc­ti­va, recién después de haber sido aprobadas por una de sus mod­er­ado­ras. Inclu­so el fun­dador de la Jun­ta, Tom O’ Nan, fue exclu­i­do. “Has­ta el día de hoy”, bromeó recien­te­mente, “¡no sé qué pasó en esa habitación!”

Para comu­nidades en cri­sis, una BBS podía ser un cen­tro impor­tante para com­par­tir infor­ma­ción. Al comien­zo de la epi­demia del SIDA, cuan­do miles de per­sonas esta­ban murien­do en medio de una cober­tu­ra mediáti­ca en su may­oría sospe­chosa u hos­til, las BBS pro­por­cionaron una fuente invalu­able de infor­ma­ción san­i­taria y apoyo social. Entre 1985 y 1993, se crearon más de 100 boletines elec­tróni­cos para com­par­tir infor­ma­ción sobre HIV.

Una piedra angu­lar en esta red fue el Sis­tema de Infor­ma­ción Gen­er­al de Edu­cación sobre el SIDA (AEGIS, por sus siglas en inglés) oper­a­do por la Her­mana Mary Eliz­a­beth Clark des­de su casa en San Juan Capis­tra­no, Cal­i­for­nia. Clark buscó diari­a­mente en las bases de datos médi­cas sobre tratamien­to y pre­ven­ción y luego uti­lizó FidoNet para hac­er cir­cu­lar esta infor­ma­ción a las BBS en más de 40 país­es de Norteaméri­ca, Europa y África. Mien­tras tan­to, la Red de Min­is­te­rios Informa­ti­za­dos para el SIDA de la Igle­sia Metodista Uni­da (CAM) en la ciu­dad de Nue­va York ayudó a com­bat­ir el ais­lamien­to que enfrentan muchas per­sonas afec­tadas por la cri­sis, respon­di­en­do a las pre­gun­tas de los vis­i­tantes y en gen­er­al brin­dan­do apoyo.

Durante dos décadas, las BBS pro­por­cionaron a innu­mer­ables per­sonas una platafor­ma acce­si­ble para con­stru­ir comu­nidades en línea. Jason Scott, direc­tor de BBS: The Doc­u­men­tary, esti­ma que hubo al menos 106.418 BBS en fun­cionamien­to entre 1978 y 2004. Y sin embar­go, a pesar de su amplia escala, alcance geográ­fi­co e influ­en­cia cul­tur­al, las BBS pare­cen estar casi olvi­da­dos hoy en día. ¿Por qué?

Parte de la razón es su ráp­i­da desapari­ción. Con la com­er­cial­ización de Inter­net a medi­a­dos de los noven­ta, miles de BBS parecieron desa­pare­cer casi de la noche a la mañana. Algu­nas inten­taron moverse a Usenet o la World Wide Web, mien­tras que otras sim­ple­mente desconec­taron el enchufe y apa­garon las luces.

Pero una cosa curiosa sucedió en el camino al olvi­do: miles de BBS se meta­mor­fos­earon silen­ciosa­mente en provee­dores de ser­vi­cios de Internet(ISP). En diciem­bre de 1995, Jack Rickard, edi­tor de la revista Board­watch, señaló que las estadís­ti­cas disponibles sobre el uso de Inter­net no sum­a­ban: los prin­ci­pales ISP, como UUNET, Net­com, PSINet e Inter­netM­CI, no informa­ban de sufi­cientes suscrip­tores como para con­tabi­lizar el número total de usuar­ios activos en línea. Usan­do una base de datos com­pi­la­da por su revista, Rickard estimó que más del 95 por cien­to de los 3.240 ISPs crea­d­os en los dos años ante­ri­ores eran antiguas BBS que oper­a­ban bajo nuevos nom­bres. Las mis­mas líneas tele­fóni­cas y módems que antes conecta­ban lla­madas locales entre sí aho­ra se uti­liz­a­ban para pro­por­cionar conex­iones direc­tas a la Inter­net glob­al. Al pare­cer, las BBS de acce­so tele­fóni­co fueron demoli­dos para con­stru­ir ram­pas de acce­so a Internet.

Para los usuar­ios de Inter­net actuales, la his­to­ria de las BBS es más que mera nos­tal­gia. A medi­da que nues­tras vidas en línea se canal­izan a través de un número cada vez menor de provee­dores de ser­vi­cios, la reflex­ión sobre la larga era del dial-up puede abrir los ojos al val­or de la diver­si­dad y el con­trol local.

Después de todo, a menudo la gente se siente frustra­da por el hecho de que las platafor­mas de redes sociales actuales no pueden tratar con dis­putas a pequeña escala o aplicar políti­cas difer­en­ci­adas a dis­tin­tos gru­pos de interés. Los usuar­ios de BBS del pasa­do podían que­jarse direc­ta­mente al sysop ‑quizás con una lla­ma­da tele­fóni­ca- y él o ella podían actu­ar inmedi­a­ta y uni­lat­eral­mente en su nom­bre. Pruebe eso con Twit­ter o Face­book. Por eso segu­ra­mente val­o­rará más a los sis­temas que a menudo fun­cio­nan con ape­nas más que alam­bre, cin­ta adhe­si­va y un sueño, y que per­mi­tieron a la gente nor­mal conec­tarse entre sí a través de sus computadoras.

 

Comentarios deshabilitados para este post